El FMI alerta del gran riesgo: los países se quedan sin munición para afrontar la próxima crisis

  • El creciente coste de la deuda obliga a los gobiernos a recortar la inversión y el gasto social
  • La deuda mundial alcanzará el 100% del PIB en 2030, un umbral no visto desde la Segunda Guerra Mundial
  • El organismo advierte que el margen para mitigar un futuro ‘shock’ financiero es hoy mucho más limitado
Sede del FMI en Washington. / iStock.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) alerta de que el elevado endeudamiento público de los países del mundo y los déficits enquistados hacen que crezca la vulnerabilidad de los mercados financieros mundiales ante una eventual subida de los tipos de interés.

La entidad ya vaticinaba en el Monitor Fiscal de abril que la deuda pública global iba a llegar al 100% del PIB en 2030, un umbral que no se alcanzaba desde el periodo inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial. Por otro lado, el déficit superaría el 3,3% del PIB ya este año.

En su último informe sobre estabilidad financiera, publicado este miércoles, la entidad multilateral alerta de que estos elevados niveles de deuda pública en los países, junto con las presiones inflacionistas y las crecientes necesidades de financiación de los gobiernos, pueden desencadenar “episodios de tensión” en los mercados de bonos, en un contexto en el que apenas hay espacio fiscal y las políticas monetarias son bastante más limitadas que en crisis anteriores.

“La elevada deuda pública y los riesgos de refinanciación siguen sin resolverse, lo que aumenta las posibilidades de que las rentabilidades suban de forma desordenada“, reza el documento.

Los expertos que han abordado el informe, Era Dabla-Norris y Rodrigo Valdés, explican en el artículo del organismo Rising Sovereign Yields Raise the Fiscal Stakes que las investigaciones de la entidad multilateral demuestran que “cuando la deuda ya es elevada, las subidas de tipos de interés provocan mayor deterioro de los déficits fiscales y de la deuda“.

Varias fuerzas están impulsando al alza los rendimientos en los países avanzados, entre ellas, el FMI enumera la crisis del precio del petróleo, la inflación persistente, una mayor demanda de inversión y un mayor crecimiento futuro esperado vinculado a la IA.

En las principales economías avanzadas, la elevada deuda, las presiones sobre el gasto y la perspectiva de una gran emisión de bonos en los próximos años están ejerciendo presión al alza sobre los rendimientos.

Las presiones ya se aprecian en los mercados soberanos de deuda. Entre febrero y septiembre, la rentabilidad media de los bonos públicos a diez años del G7 aumentó en más de un punto porcentual, hasta llegar a su nivel más alto en dos décadas. El encarecimiento viene cuando los gobiernos tienen que afrontar unas obligaciones de la deuda con unos acumulados considerables.

El problema de todo esto es que los Estados tienen que dedicar cada vez mayor porción de sus ingresos para pagar las obligaciones de la deuda, es decir, los intereses. Esto provoca que haya que recortar de otras partidas presupuestarias para hacer frente a las obligaciones de la deuda. El FMI proyecta que el coste medio de financiación de los gobiernos de los países con mayores ingresos aumentará de un 2,3% registrado en 2021 al 3,7% en 2031.

“El aumento de los pagos por intereses se está convirtiendo en una carga cada vez mayor y más rígida para los recursos públicos, dejando menos margen para la inversión pública y el gasto social“, advierten los expertos.

En este contexto, el FMI advierte que el déficit global está evolucionando en la dirección contraria a lo que necesita para estabilizar la deuda. El organismo prevé que cierre en el 3,3% del PIB mundial este ejercicio, cuando lo ideal, para estabilizar la ratio de deuda sobre PIB este mismo año, sería imprescindible que se redujese hasta el 2,6%. Es decir, la brecha es siete décimas superior al PIB. Pero el ajuste no remata ahí: como la deuda mundial va a seguir engrosándose, según los expertos de la entidad multilateral, sería necesario hacer una corrección adicional, con una magnitud similar en los ejercicios venideros.

Pero el problema de esto está en que la consolidación fiscal de los países se tiene que hacer mientras surgen otras necesidades que atajar, que requieren más gasto público. Los gobiernos están ante una tesitura en la que tienen presiones para reforzar el gasto en defensa y la seguridad energética; también el coste asociado al envejecimiento de la población, al tiempo que esta factura financiera gana peso en las cuentas públicas.

Así, el FMI sostiene que los países necesitan mejorar su saldo primario para evitar que la deuda siga abultándose hasta el punto de hacerse insostenible. En este sentido, reitera que retrasar las decisiones de ajuste puede agravar todavía más el problema. “Cuanto más esperen los países, más doloroso será el ajuste“, advierten Era Dabla-Norris y Rodrigo Valdés en su texto.

Poca capacidad para hacer frente a un nuevo ‘shock’

Si hay algo que caracteriza al FMI es que, como una madre, avisa en reiteradas ocasiones a los países para que luego no haya sorpresas. En el Global Financial Stability Report de octubre alerta, de nuevo, de que los riesgos asociados al endeudamiento público siguen sin resolverse por parte de los responsables de las finanzas públicas de los países.

“La elevada deuda pública y los riesgos de refinanciación siguen sin resolverse, lo que aumenta las probabilidades de que una subida de los rendimientos se produzca de manera desordenada”, recoge el documento. Por eso, añade que el margen de actuación fiscal y monetaria para mitigar las consecuencias de un posible ‘shock’ financiero es, a día de hoy, más limitado que durante buena parte de las dos últimas décadas, precisamente, debido a ese endeudamiento y a una inflación que sigue por encima de los objetivos de los bancos centrales.

Es por eso que el FMI dice a las economías de altos ingresos con deudas muy abultadas que empiecen a hacer “medidas concretas” a través de planes fiscales “creíbles” a medio plazo, basados en hipótesis realistas. El objetivo es claro: poner la deuda en una senda sostenible, contener los costes de financiación y limitar los efectos de contagio al resto del mundo. Cuanto más alto sea el pago de costes de financiación, más difícil será estabilizar la deuda.

Vía:https://www.eleconomista.es/