Los pequeños negocios se enfrentan a una sangría demográfica sin precedentes por el envejecimiento de los autónomos en activo. Entre 2023 y 2028, las jubilaciones de los trabajadores por cuenta propia se dispararán un 44%

l tiempo corre en contra de los pequeños negocios. Casi 7 de cada 100 trabajadores por cuenta propia (6,4%) en activo se jubilarán hasta 2028. Tres años críticos en los que comenzará una sangría imparable de casi un cuarto de millón de autónomos que supone un desafío para la continuidad del negocio de barrio, de pueblo y de sectores tradicionales. Así lo advierte la Unión de Profesionales y Trabajadores Autónomos (UPTA).
En total, entre 2026 y 2028 se jubilarán 223.400 autónomos, el 6,4% de los 3,5 millones de afiliados actualmente al régimen de autónomos. Según los datos oficiales de altas de pensiones de jubilación del Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA), en 2023 se registraron 55.563 nuevas jubilaciones, una cifra que aumentó hasta las 60.583 en 2024 y las 64.267 en 2025, lo que implica un crecimiento del 15,7% en apenas dos años, con 8.704 más que en 2023.
Tomando como referencia esta evolución y previendo un mayor crecimiento anual , las proyecciones elaboradas por UPTA sitúan las nuevas jubilaciones en torno a 69.100 en 2026, 74.300 en 2027 y cerca de 80.000 en 2028. De cumplirse estas previsiones, en 2028 se registrarían cerca de 24.400 nuevas jubilaciones anuales más que en 2023, un incremento próximo al 44% en apenas cinco años. Respecto a 2025, habrá 15.700 nuevas jubilaciones, un 24,5% más.
“Estamos ante un auténtico abismo demográfico para el trabajo autónomo. En 2023 se jubilaron unos 55.600 autónomos y en 2028 podríamos alcanzar los 80.000 anuales. Estamos hablando de cerca de 224.000 jubilaciones en solo tres años”, advierte Eduardo Abad, presidente de UPTA España.
La pérdida supone una verdadera “amenaza” para la continuidad de miles de actividades económicas. El mayor impacto se lo llevará el pequeño comercio, la hostelería, los oficios profesionales y los municipios rurales, donde el envejecimiento de los autónomos en activo es mayor y también es mayor la dificultad para garantizar un relevo generacional.
“Las administraciones siguen haciendo oídos sordos ante una realidad imparable. Parece que únicamente importa celebrar cuando aumentan las afiliaciones, mientras se ignora que decenas de miles de autónomos abandonan cada año su actividad por jubilación”, denuncia Abad, que reclama tener en cuenta las jubilaciones, las nuevas incorporaciones y las bajas de actividad para analizar cómo está cambiando el sector y anticipar medidas para los territorios y sectores con mayor dificultad.
“Muchos de los negocios cuyos titulares se aproximan a la edad de jubilación son actividades viables que podrían continuar funcionando si existieran mecanismos adecuados para facilitar su transmisión a nuevos profesionales”, destaca UPTA. Por ello, exige que se impulsen políticas de relevo generacional, localizar posibles relevistas y establecer mecanismos de acompañamiento para garantizar la continuidad de estas actividades. No hacerlo supondrá no solo la desaparición de negocios viables, sino también la pérdida irrecuperable de actividad, servicios y de oportunidades económicas para la población.