- Las empresas prefieren hacer contratos indefinidos de cero y ahorrarse la antigüedad
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En todo el ejercicio 2025 se registraron 412.548 conversiones de contrato temporal a indefinido, una cifra que supera en un 9,6% la registrada en 2024, pero apenas supone un tercio del récord histórico de 1,34 millones registrado en 2022, el año de entrada en vigor de la reforma laboral, y la mitad de los 835.521 anotados en 2019. El desplome tiene una razón de ser: la reforma laboral ha reducido la contratación eventual y disparado la indefinida inicial. Sin embargo, apenas ha mejorado la transición entre ambas. Solo un 4,5% de los contratos temporales firmados el pasado año se convirtió en indefinido, el porcentaje más bajo desde 2021 y apenas unas décimas por encima del 4,1% anotado en 2019.
Uno de los mitos recurrentes del mercado laboral español para explicar la enorme dependencia de trabajos de corta duración es que esos contratos temporales son la puerta de entrada a empleos más estables. Las cifras de conversiones lo desmienten; de hecho, las prórrogas de eventuales casi las triplican, anotando 1,16 millones en 2025 (el 83% por menos de tres meses).
En 2025 se firmaron 9,2 millones de contratos temporales, una cifra que supera en un 2,9% la de un año antes pero que queda muy por debajo de las cifras precedentes, con un récord de 20,4 millones en 2019 que superaba, a su vez, en un 59% los registros de 2012, ejercicio considerado el punto álgido de la Gran Recesión en España (que hundió el mercado de trabajo y con él la contratación), pero también el de la aprobación de la reforma laboral del Ejecutivo del PP.
Precisamente, uno de los principales reproches del actual Gobierno del PSOE y Sumar a la normativa impulsada por el gabinete de Mariano Rajoy es que disparó la temporalidad en la recuperación. La suya, por el contrario, ha logrado un récord de ocupación firmando más contratos indefinidos que nunca: en 2025 supusieron el 41,2% del total, 6,4 millones, cuando en 2019 apenas llegaban al 9,6%, con 2,2 millones. Entonces, como hemos dicho, las conversiones afectaban al 4,1% de los temporales, pero representaban el 38,7% de los indefinidos.
Paradójicamente, el giro casi ‘copernicano’ de la contratación tras la reforma laboral ha logrado disuadir a muchas empresas de recurrir a los eventuales, pero no ha logrado mejorar las opciones de los que siguen en esos puestos de optar a algo más estable. Al menos en la misma empresa. Ello a pesar de que la norma redujo la duración de los contratos temporales y sus prórrogas para obligar a más empleadores a hacer esa conversión.
Si bien esto funcionó en el primer año de la norma, su eficacia se diluyó en los siguientes. Y no solo porque se firmen menos conversiones, lo cual se explica por el simple motivo de que se realizan menos contratos temporales. Que la tasa de conversión se sitúe ya en el 4,5% implica que el impacto de la reforma para la mejora de las oportunidades de esos eventuales ha sido efímero.
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Si analizamos la serie histórica se aprecian varios detalles relevantes. El primero, que los datos son mejores que los registrados 2009 y 2021, pero no que los anotados en los ejercicios anteriores. Así, la reforma de 2021 habría corregido una tendencia provocada por la Gran Recesión, que pinchó la ‘burbuja de la construcción’ y derivó el empleo hacia sectores con empleos temporales aún más volátiles, como el turismo.
En este sentido, la reforma laboral de 2012, que actuó sobre las causas del despido para ‘quitar el miedo a contratar’ de manera indefinida no sirvió para elevar ese tipo de contratos, que en 2019 se situaban en el 10,6%: dos puntos porcentuales más que en 2013, pero por debajo del 13% que llegó a alcanzar en 2006 y 2007 (aquí conviene precisar que en 2012 se disparó al 10,1%, por el efecto de la ‘regulación’ de las empleadas de hogar).
Pero las conversiones siguieron un camino diferente, con un peso muy bajo entre la contratación temporal. De hecho, antes de la reforma laboral de 2021, el anterior récord estuvo en 2006, con 1,15 conversiones y una tasa del 7% debida a medidas extraordinarias aprobadas por el Ejecutivo socialista de José Luis Rodríguez Zapatero para fomentar los contratos fijos, si bien su eficacia se diluyó con el tiempo, lo que confirma que la inmensa de la mayoría de las empresas no hace contratos temporales pensando en que los trabajadores puedan hacerse indefinidos más adelante. Para eso está el periodo de prueba. Exactamente lo mismo está ocurriendo en 2025.
Por otro lado, las conversiones tenían un peso desproporcionado sobre la contratación indefinida, llegando a suponer el 52% en 2006, si bien en los años de la crisis de la crisis y el inicio de su recuperación bajó al entorno del 30, ya que los nuevos contratos indefinidos que se creaban eran iniciales. En 2012 marcó su mínimo, con un 27%, debido, como decíamos, a los contratos de empleadas de hogar. Nada comparable con lo que ocurrió tras la reforma laboral de 2021.
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La tasa de conversiones sobre contratos indefinidos ha caído al 6,4% en 2025, su mínimo histórico, lo cual significa que las empresas prefieren contratar a un trabajador de cero para un puesto estable. Aunque el periodo de prueba se sitúa entre 2 y 6 meses, en función del puesto y el convenio aplicado, tiempo de sobra para probar a un trabajador, la renuencia a hacer conversiones desde temporales tiene otra lectura: ahorrarse la ‘antigüedad’ al hacer fijo al asalariado.
La mayoría de los contratos temporales corresponde a empleos de corta duración, pero sorprende que la ratio sobre temporales no suba (y la tasa sobre indefinidos se desplome) cuando existe la opción de los fijos discontinuos. No sabemos cuántas conversiones son de temporal a esta modalidad, pero el hecho es que no parecen haber mejorado las posibilidades de acceder desde un puesto temporal a un puesto fijo en la misma empresa. Muchos de estos contratos se hacen, en ocasiones, a las mismas personas (apurando los plazos de la ley para no tener que hacerles indefinidos).
Un dato igual de revelador es el de las prórrogas: como decíamos, en 2025 sumaron 1,16 millones, casi el triple que las conversiones, la mayoría por menos de 3 meses. Además, el 96% fueron únicas (es decir, el trabajo solo se amplió una vez). En 2019 hubo 2,4 millones. Siguieron triplicando a las conversiones. Y el 96% también fueron únicas.
El Ministerio de Trabajo, a través de la Inspección de Trabajo, ha puesto el foco en las empresas que incumplen su obligación de convertir, aunque los resultados se actualizan con cuentagotas y además se mezclan con los datos de los fijos discontinuos que el organismo determina que deberían ser indefinidos ordinarios. En todo caso, a la luz de los datos de conversiones, no parece que este efecto sea demasiado relevante.