- La demanda externa restó al PIB en 2025 y en 2026 volverá a suceder lo mismo
- El frenazo de las exportaciones coincide con el dinamismo de la inversión
- La demanda externa resta 0,8 puntos al crecimiento interanual de España

El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha confirmado que la economía de España está perdiendo ritmo respecto al fuerte crecimiento que presentó en el último trimestre de 2025. En los primeros tres meses del año, el PIB se ha avanzado un 0,6% (dos décimas menos que el trimestre anterior), un crecimiento que sigue siendo relativamente intenso pero que está basado o sostenido en un solo motor: la demanda interna (consumo e inversión), lo que en el medio y largo plazo suele ser insostenible para la mayor parte de las economías. El sector exterior no solo ha dejado de contribuir de forma positiva al PIB sino que está restando crecimiento. En 2025 ya supuso un lastre de 0,7 puntos, según ha confirmado el Banco de España, mientras que para este 2026 el instituto monetario prevé que reste 0,4 puntos al crecimiento.
Al mismo tiempo, el BdE admite que la demanda interna sigue contribuyendo de forma positiva, pero también se observa cierta ralentización. “La economía española mantiene un crecimiento sólido, si bien la demanda interna muestra signos de moderación. Para 2026 y 2027 se proyecta un crecimiento de la actividad del 2,3% y el 1,7%, respectivamente, sin cambios respecto a las previsiones de marzo”, señalan en el último informe de proyecciones.
Con estos datos, desde la agencia de rating S&P rebajaban el crecimiento esperado para España este año hasta el 1,7%, una tasa, que por otro lado, sigue siendo muy superior a la de la zona euro, el triple de crecimiento que el club monetario. Pese a todo, el recorte de la agencia de rating ha sido importante, puesto que ha reducido el nivel de crecimiento cinco décimas respecto a lo previsto a inicios del ejercicio.
El frenazo de las exportaciones
El INE ha confirmado que las exportaciones de bienes y servicios presentaron una tasa intertrimestral del -0,6%, lo que supuso 1,3 puntos menos que en el cuarto trimestre. Por su parte, las importaciones registraron una variación del -1,0%, tasa 2,2 puntos menor que la del trimestre precedente, señala el comunicado del Instituto Nacional de Estadística.
Desde le BdE subrayaban la relevancia que tiene este frenazo del sector exterior echando la vista atrás. “La contribución negativa al avance de la actividad económica en 2025 supone, si se exceptúan los años de la pandemia, la primera de este signo desde 2018. Este resultado obedece, por un lado, al deterioro del entorno internacional (marcado por la incertidumbre y la imposición de aranceles por parte de EEUU) y, por otro, al intenso dinamismo de la demanda interna, especialmente en los componentes con mayor contenido importador”, sostenía el informe.
El problema de esta perdida de impulso del sector exterior es que en el medio plazo el ciclo expansivo de la economía puede acabar generando desequilibrios en términos de la balanza por cuenta corriente o de la inflación. Si el sector exterior deja de contribuir de forma positiva a la economía, el ciclo se vuelve más vulnerable y se corre el riesgo de volver a arrojar déficits exteriores que empeoren la posición de inversión internacional neta, es decir, que España vuelva a endeudarse con el exterior, generando una mayor dependencia de la economía.
El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha confirmado que la economía de España está perdiendo ritmo respecto al fuerte crecimiento que presentó en el último trimestre de 2025. En los primeros tres meses del año, el PIB se ha avanzado un 0,6% (dos décimas menos que el trimestre anterior), un crecimiento que sigue siendo relativamente intenso pero que está basado o sostenido en un solo motor: la demanda interna (consumo e inversión), lo que en el medio y largo plazo suele ser insostenible para la mayor parte de las economías. El sector exterior no solo ha dejado de contribuir de forma positiva al PIB sino que está restando crecimiento. En 2025 ya supuso un lastre de 0,7 puntos, según ha confirmado el Banco de España, mientras que para este 2026 el instituto monetario prevé que reste 0,4 puntos al crecimiento.
Al mismo tiempo, el BdE admite que la demanda interna sigue contribuyendo de forma positiva, pero también se observa cierta ralentización. “La economía española mantiene un crecimiento sólido, si bien la demanda interna muestra signos de moderación. Para 2026 y 2027 se proyecta un crecimiento de la actividad del 2,3% y el 1,7%, respectivamente, sin cambios respecto a las previsiones de marzo”, señalan en el último informe de proyecciones.
Con estos datos, desde la agencia de rating S&P rebajaban el crecimiento esperado para España este año hasta el 1,7%, una tasa, que por otro lado, sigue siendo muy superior a la de la zona euro, el triple de crecimiento que el club monetario. Pese a todo, el recorte de la agencia de rating ha sido importante, puesto que ha reducido el nivel de crecimiento cinco décimas respecto a lo previsto a inicios del ejercicio.
El frenazo de las exportaciones
El INE ha confirmado que las exportaciones de bienes y servicios presentaron una tasa intertrimestral del -0,6%, lo que supuso 1,3 puntos menos que en el cuarto trimestre. Por su parte, las importaciones registraron una variación del -1,0%, tasa 2,2 puntos menor que la del trimestre precedente, señala el comunicado del Instituto Nacional de Estadística.
Desde le BdE subrayaban la relevancia que tiene este frenazo del sector exterior echando la vista atrás. “La contribución negativa al avance de la actividad económica en 2025 supone, si se exceptúan los años de la pandemia, la primera de este signo desde 2018. Este resultado obedece, por un lado, al deterioro del entorno internacional (marcado por la incertidumbre y la imposición de aranceles por parte de EEUU) y, por otro, al intenso dinamismo de la demanda interna, especialmente en los componentes con mayor contenido importador”, sostenía el informe.
El problema de esta perdida de impulso del sector exterior es que en el medio plazo el ciclo expansivo de la economía puede acabar generando desequilibrios en términos de la balanza por cuenta corriente o de la inflación. Si el sector exterior deja de contribuir de forma positiva a la economía, el ciclo se vuelve más vulnerable y se corre el riesgo de volver a arrojar déficits exteriores que empeoren la posición de inversión internacional neta, es decir, que España vuelva a endeudarse con el exterior, generando una mayor dependencia de la economía.