El aumento de la población activa, la regularización de inmigrantes y el desempleo de larga duración están detrás de esta brecha

El mercado laboral español se encuentra inmerso en una paradoja. Mientras en el último año se han sumado casi 750.000 nuevos afiliados, el paro solo se ha reducido en 42.000 personas, una cifra casi dieciocho veces inferior. El rali del empleo que vive España en estos últimos tiempos, con una tasa de crecimiento superior al 3 % y una cifra de cotizantes récord de 22,43 millones, choca con una tímida caída del paro, que apenas retrocedió un 1,74% interanual en septiembre, frente al 5,97% del año pasado. España se ha convertido en la locomotora económica de Europa y en el país que más empleo está creando -aportó más del 40 % de los puestos generados en la UE-, pero no consigue zafarse de ser el rey del desempleo.
El país cuenta con un paro enquistado de más de 2,3 millones de personas y una tasa del 9,87 %, un nivel muy alejado de esa promesa del Gobierno de lograr el pleno empleo a final de la legislatura. ¿Cómo es posible esta brecha, que cada vez se está ampliando más? El principal motivo de esta aparente contradicción se encuentra en el fuerte aumento de la población activa, según recalcan desde el Ministerio de Trabajo a este periódico. «Cuando la economía genera empleo, muchas personas que no buscaban trabajo vuelven a hacerlo, compensando parte de la reducción del desempleo», suscribe también Carlos Arcas, director de The Adecco Group, que señala que «una parte importante» de esos casi 750.000 nuevos afiliados no procede de antiguos parados, sino de nuevas incorporaciones al mercado laboral.
En concreto, la población activa alcanza ya la cifra récord de 25,27 millones tras sumar en el último año 452.000 personas -según datos de la última Encuesta de Población Activa (EPA)-, impulsada, en su mayor parte, por la llegada de mano de obra extranjera, pero también por personas que antes estaban inactivas, jóvenes que se incorporan por primera vez y colectivos que no figuraban como parados registrados.
La regularización extraordinaria aprobada este año por el Gobierno ha permitido sumar 421.300 cotizantes hasta septiembre, el 56 % del total de nuevos afiliados de los últimos doce meses, lo que está suponiendo un balón de oxígeno a un mercado laboral envejecido y con déficit de trabajadores. Sin embargo, los inmigrantes también están detrás de este gap entre empleo y paro, ya que muchos de ellos ya formaban parte del mercado laboral, pero estaban escondidos bajo la alfombra de la economía sumergida, por lo que no se reflejaban previamente en las estadísticas del paro. Es más, la regularización ha traído 52.000 nuevo desempleados, ya que muchos de estos inmigrantes se han inscrito como demandantes de empleo para poder optar a un trabajo legal y, al mismo tiempo, han impulsado la afiliación por la prontitud con la que acaban encontrando un trabajo regular. De hecho, el Ministerio de Trabajo asegura que más de la mitad de los nuevos regularizados en desempleo lleva menos de un mes inscrito en el SEPE.
No cabe duda de que los nuevos migrantes han trastocado el mercado laboral español. Es más, si este procedimiento de regularización extraordinaria no se hubiera producido, la afiliación extranjera perdería 270.000 personas, más de la mitad de lo que ganó entre abril y agosto. El impacto en el paro sería más drástico: descendería en 60.000 personas frente al avance de 52.000 desocupados, según el Human Capital Outlook de EY.
La brecha entre empleo y paro también se explica por el repunte del desempleo entre los menores de 25 años, que avanzó un 12,7 % en septiembre respecto al mes previo al sumar 21.400 personas, el alza más elevada de los registros del Ministerio de Trabajo. A pesar de ello, el mercado laboral registró solo 189.141 jóvenes desempleados, muy por debajo del casi medio millón que llegó a contabilizar en la peor época de la crisis.
Carlos Arcas atribuye este aumento a los cambios en el mercado laboral. Ahora no es suficiente con una titulación para acceder a un puesto de trabajo, ya que la inteligencia artificial viene a cubrir las tareas que un joven hacía en su primera experiencia laboral, lo que exige más formación para tener un empleo y mantiene unas tasas de paro elevadas en el colectivo, una «dinámica» que ha venido para quedarse.
Y de los jóvenes a los mayores, porque otro de los grandes problemas del mercado laboral que mantiene un paro enquistado por encima de los 2,3 millones tiene que ver con los desempleados de larga duración que, en su mayor parte, son personas mayores de 45 años y, por tanto, con una mayor complejidad para reincorporarse, más si no se reciclan. Así, España registró en el segundo trimestre 892.500 personas sin empleo desde hace más de un año, casi el 38 % del total, una realidad que preocupa mucho a la cartera de Yolanda Díaz, que ultima un plan especial de empleo para este colectivo y también para los menores de 24 años.
Alta estacionalidad
La alta estacionalidad del mercado laboral español también está detrás de este paro crónico, que genera una especie de «juego de sillas» entre los trabajadores expuestos a empleos más precarios e impulsa la tasa de rotación, lo que acaba perjudicando la productividad. «La única manera de crear empleo estable y sostenible es apostar por profesiones más cualificadas», expone Arcas. La misma exigencia hace la secretaria confederal de Formación y Empleo, Loli García, que pide mejorar la empleabilidad en sectores estratégicos e industriales para alcanzar el pleno empleo.
Sin embargo, el director de Randstad Research, Valentín Bote, no ve posible bajar del escalón de los dos millones de parados registrados hasta, por lo menos, el 2030 debido a la ralentización de la economía que organismos como el FMI esperan para el próximo año, en el que el Producto Interior Bruto (PIB) solo crecerá un 1,8% frente al 2,5% de este 2026. Además, este experto recuerda que el paro efectivo sí que se encuentra estancado en los 3,2 millones de personas al sumar los 900.000 fijos discontinuos en situación de inactividad