El PIB avanza, pero la riqueza por trabajador apenas crece. España está ampliando su economía incorporando más manos, no produciendo mejor

España lleva varios años presentando unas cifras de crecimiento capaces de alimentar titulares optimistas pues aumenta el PIB, se crean cientos de miles de empleos y la ocupación continúa avanzando a buen ritmo. Aparte de la magia de la estadística, lo cierto es que ningún país grande de la eurozona tiene esas cifras.
El crecimiento de un país es la suma de dos factores, el aumento del empleo y el incremento de lo que produce cada trabajador, es decir, la productividad por puesto de trabajo que apenas ha aumentado un 0,7%, lo cual esconde una realidad: que crecemos por aumento de la población y no por eficiencia. Y nuestra tarta económica crece porque hay más personas amasándola, pero no porque cada hora de trabajo rinda más. Por eso, cuando medimos el crecimiento del PIB per cápita es menor que el del PIB, aparte de que la productividad divide el PIB entre las horas trabajadas, no las personas lo que, dada la precariedad de nuestro mercado de trabajo, agudiza el problema. Dado el paulatino descenso de la jornada media, si esta baja, el PIB por ocupado crecerá menos que el PIB por hora.
Por tanto, crecemos porque hay más gente en nuestro mercado de trabajo, pero la eficiencia con la que producimos apenas se mueve y esa es la variable que determina los salarios reales a largo plazo. Dicho de otra forma, el restaurante factura más porque ha puesto más mesas y ha contratado más camareros, pero no porque haya aprendido a aumentar la rotación de cada una de las mesas ni el valor del ticket medio.
Una economía no puede hacerse indefinidamente más rica simplemente incorporando trabajadores porque ese modelo será válido mientras haya crecimiento demográfico, pero cuando se agote ese impulso veremos lo vulnerable que es. Si, además, añadimos que tenemos un tejido empresarial formado por pequeñas empresas y autónomos con baja inversión en tecnología, elevada regulación, con las barreras que conocemos para escalar los modelos de negocio y con un elevado peso de sectores intensivos en mano de obra, pero poco intensivos en valor añadido, no debe extrañarnos que la mayoría de la población no perciban ese milagro económico que muestran los datos a nivel macro.