- Las bajas de estos contratos se cuadruplican y su volatilidad ya supera a la de los empleos temporales
- Apenas suponen el 5% de los asalariados pero explican el 27% de toda la rotación laboral del país
- Newsletter ‘El empleo en la diana‘: Una pregunta incómoda

Los fijos discontinuos fueron consagrados por la reforma laboral de 2021 como la alternativa a la precariedad del empleo temporal. Pero los resultados han sido bastante chocantes, sobre todo para los analistas del mercado laboral, que ven cómo un tipo de contrato que apenas supone el 5% del total de los asalariados explica hasta el 27% de la rotación laboral.
Es más, la cifra de pases a la inactividad de estos contratos sumó en junio 753.444 casos (una media de 34.247,45 por día laborable) para una población de 1,1 millones de trabajadores a último día de mayo. Es decir, el equivalente al 67,7% de los afiliados de este colectivo vio interrumpido su empleo en junio, según los últimos datos de la clasificación de las bajas de afiliación según su causa que publica la Tesorería General de la Seguridad Social.
El arranque del verano es, con diferencia, el peor momento para los fijos discontinuos, debido a la intersección entre las actividades que se enfrían (por ejemplo, en sectores como la educación) que no se ve compensada por las contrataciones veraniegas. Este año, junio cerró con 935.280 afiliados con este tipo de contrato, 177.529 menos que en mayo, lo que implica que solo el 76% de las bajas por pase a la inactividad fueron compensadas con altas.
Lo que estos datos no pueden decirnos es cuántas de las altas corresponden a trabajadores que se reincorporaron en el mismo mes, cuántos lo hicieron desde meses anteriores o cuántos fueron contratos nuevos. Las estadísticas clarifican las causas de baja, pero no las de alta, lo que se suma a la amplia lista de misterios que rodean a este tipo de contrato.
Este análisis se realiza con los datos de bajas clasificados causa a fin de mes, ya que la media mensual que destacan las publicaciones estadísticas de afiliación desde 2004 reduce el efecto de la alta volatilidad que caracteriza al mercado laboral y, en especial, a los fijos discontinuos.
La idea del Ejecutivo y los agentes sociales al pactar la reforma era que esta figura contractual compensara la volatilidad ligada a la finalización de los contratos temporales, que supone la extinción del empleo y un incremento en la cifra de paro con el pase a la inactividad. En este caso, el contrato se ‘suspende’ y el trabajador es dado de baja (ni cotiza ni cobra su sueldo) pero no se considera parado, al menos a efectos del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), si bien puede acceder a una prestación por desempleo.
Si nos fijamos en las cifras absolutas se aprecia que las 753.444 bajas por pase a la inactividad quedan solo un 16% por debajo de las 892.189 bajas de temporales por caducidad de su contrato, un mínimo histórico. Esta diferencia es especialmente baja en junio, el promedio anual de la brecha es del 40%, cinco puntos menos que hace un año. Antes de la pandemia, en 2019, era del 95%. La clave de este acercamiento es que mientras las finalizaciones de contratos eventuales se han reducido a la mitad, los pases a la inactividad de los fijos discontinuos se han multiplicado por cuatro.
Los pases a la inactividad de fijos discontinuos se multiplican por cuatro
Número de bajas por tipo
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La primera causa de baja de afiliación sigue siendo el fin de un contrato temporal (suponen un 38% del total), pero esta evolución dispar lleva a que la suma de ambas en junio, 1,65 millones en junio, que podemos conceptualizar como el total de salidas de la afiliación ligada a actividades estacionales, solo supone una reducción del 10% respecto al mismo mes de 2019.
Los contratos fijos discontinuos presentan la ventaja evidente de que el pase a la inactividad incluye la garantía de un llamamiento para volver al puesto. Por eso el contrato sigue vigente. Si el empresario quiere rescindirlo, la única vía es el despido, aunque si el trabajador rechaza reincorporarse también se extingue: en este caso se registra como una dimisión.
La incidencia de estos periodos sin trabajar entre los fijos discontinuos ha aumentado notablemente desde la reforma laboral, pasando de un 42% en junio de 2019 al 67% de 2026. Pero no solo hablamos del arranque del verano: el promedio anual ha subido del 18% al 48%, lo que confirma que estos contratos han ocupado el nicho de muchos empleos precarios que antes eran cubiertos con contratos temporales.
En paralelo, la incidencia de las finalizaciones de un contrato temporal es más baja en junio, de apenas un 40%, aunque su evolución mensual es más estable y se sitúa en el 36,2%, frente al 29,2% de 2019. Este empeoramiento tiene una explicación: la reforma laboral, con medidas como la supresión de los contratos por obra y servicio o la limitación del encadenamiento de contratos, restringió el uso de los asalariados eventuales a trabajos de menor duración.
Sin embargo, la evolución de la rotación de los fijos discontinuos apunta a que esa transición también ha afectado a los trabajadores con contratos indefinidos ‘intermitentes’, cuya volatilidad se ha más que duplicado.
La volatilidad de los fijos discontinuos supera a la de los temporales
Tasa de incidencia sobre los afiliados de cada tipo
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Un análisis de la serie histórica muestra que los fijos discontinuos siempre han registrado ‘explosiones’ de volatilidad en junio, superando la de los temporales. Pero en el resto de los meses, quedaban por debajo. Ya no ocurre así: este tipo de contrato indefinido se ha consolidado como el más volátil del mercado laboral español. Y esta rotación tiene consecuencias en el análisis del mercado laboral.
El impacto de las bajas por pase a la inactividad en el total de bajas y altas de afiliación (27%) supera con mucho a su peso en la ocupación (5%), con una intensidad mayor que las de los temporales, que aportan el 12,3% de los afiliados, pero el 38% de las bajas. La diferencia es que no son nuevos parados, sino personas con el empleo suspendido. Se sitúan con ello en un limbo estadístico que el Ejecutivo no parece demasiado interesado en desentrañar.