España rompe la barrera de las 12.000 dimisiones diarias y aviva una crisis por la falta de mano de obra

Foto: Dreamstime

El mercado laboral español cierra 2025 con un récord de bajas de afiliación por renuncia que rompe con creces la barrera de las 12.000 dimisiones de media por día laborable, 4.000 más que antes de la reforma laboral. Esto eleva el total mensual a cerca de un cuarto de millón en un contexto en el que el 48% de las empresas, según el Banco de España, registra problemas derivados de la falta de mano de obra.

A falta de conocer los datos de diciembre, que la Tesorería General de la Seguridad Social publicará en febrero, las cifras de los once primeros meses del año confirman una tendencia lejos de remitir. En noviembre se registraron 232.700 bajas voluntarias a último día del mes, un 7,5% más que en el mismo mes de 2024. En el acumulado de lo que va de año alcanzan los 2,88 millones, lo que apunta a que el año recién concluido fue el primero en el que se superaron los 3 millones, al menos en la serie histórica disponible, que se remonta a 2012.

Pero, a la espera del cierre definitivo del ejercicio, lo que sabemos es que 2025 ya ha roto el récord de las bajas diarias de afiliación. En noviembre se registraron 11.635 bajas diarias, aunque el promedio anual se eleva a 12.300, frente a las 11.451 de 2024. Aunque la media final, que incluirá ya diciembre, será seguramente levemente inferior, comparando la evolución de años anteriores es previsible que aún supere las 12.200 dimisiones por día laborable.

Esto se traduce en unas 250.000 renuncias al mes de promedio en el año, un dato que supera en un 53% el anotado en 2021, justo antes de la entrada en vigor de la reforma laboral. Y es que el cambio legal parece haber sido el detonante de una transformación del mercado de trabajo que ha disparado las salidas voluntarias del empleo, sobre todo entre los trabajadores con contrato indefinido, que explican el 76% de los casos diarios, cuando antes apenas eran el 35%.

https://flo.uri.sh/visualisation/27108303/embed

A priori, la evolución se explica por el hecho de que no solo España sigue creando empleo con relativa fortaleza (al menos comparado con nuestros vecinos europeos) sino que el peso de los indefinidos es mucho mayor que nunca. Esto implica que los trabajadores tienen más alternativas de encontrar un empleo fijo si no les convence el actual. Pero las cosas no son tan simples.

Dimisiones ‘marca España’

Sobre el papel, este mayor dinamismo es positivo para los trabajadores y la economía, aunque no tanto para muchas empresas que tendrían mayores problemas para competir para atraer talento, lo que se traduce en un incremento inasumible para ellas de los costes laborales. Aunque esta tendencia puede producir riesgos inflacionistas, como bien recuerdan los bancos centrales.

Pero este diagnóstico es mucho más claro en países con una tasa de paro reducida. España es el único país de la Unión Europea en el que este indicador aún supera el doble dígito, con 2,5 millones de desempleados. Además, el nuestro es un mercado laboral caracterizado por una elevada rotación laboral por su elevado volumen de contratos temporales. De hecho, la primera causa de baja de afiliación es la finalización de un empleo eventual, con 40.200 casos diarios en 2025. Muy por encima de las dimisiones, que en países como Estados Unidosson la principal causa por la que termina una relación laboral.

Esto explica que el efecto de las dimisiones no se ha traducido en una mejora general de las retribuciones: han influido mucho más la negociación colectiva o, en la franja baja salarial, la subida del SMI. Precisamente este último no parece haber tenido un efecto de ‘arrastre al alza’ en el resto de las retribuciones, con lo que el sueldo mínimo se está convirtiendo en el más frecuente en España. Algo que muestra que este mayor ‘dinamismo’ del empleo tras la reforma es de mecha corta: ha mejorado la estabilidad contractual, sin duda, pero no ha tenido el mismo éxito con el resto de condiciones efectivas de los puestos de trabajo.

Tras el repunte de las dimisiones esconde una paradoja: si el empleo indefinido mantuviera la misma calidad que antes de la reforma habría menos renuncias, ya que se firman muchos menos contratos eventuales. Antes de la reforma, los fijos suponían el 62% de los asalariados, pero el 35% de las renuncias. Ahora llegan al 78% pero su peso en las dimisiones se ha duplicado hasta el 76%. Ambos incrementos no son proporcionales, lo que apunta a que influyen otros factores, el primero una precarización del empleo indefinido.

El coste de dimitir

Las dimisiones, en términos económicos, se explican por dos motivos: se encuentra otro trabajo con mejores salarios u otras condiciones, o las que reúne el actual son tan malas (para el trabajador) que no compensa el coste de no renunciar. Este es, por ejemplo, el escenario en el que se encuentran las personas que dejan su empleo para atender a sus hijos u otros familiares dependientes porque no pueden asumir el pago de cuidadores profesionales.

Visto así, parece lógico que antes de la reforma las renuncias se concentraran en empleos temporales, mientras los trabajadores preferían retener los puestos fijos. Además, analizando la serie histórica se aprecia que, aunque las renuncias se han incrementado notablemente en los últimos cuatro años, ya habían empezado a acentuarse en los años previos a la pandemia, coincidiendo con la salida de España de la Gran Recesión. Pero entonces el grueso correspondía a puestos eventuales, aunque su poder de negociación es mucho menor que el de los indefinidos ordinarios.

Diversos análisis con datos de la Muestra Continua de Vida Laboral, como los realizados por Fedea, apuntan a que las dimisiones se siguen concentrando en trabajadores que llevan menos tiempo en el puesto. Es decir, no renuncian los asalariados con largas carreras de cotización y mayor antigüedad acumulada en el puesto, lo que apunta a una nueva dualidad entre asalariados fijos.

En ese sentido, muchas de esas dimisiones corresponderían a fijos discontinuos inactivos que rechazan un nuevo llamamiento de su empresa para volver a trabajar. De hecho, la segunda causa de baja de afiliación de un asalariado (la primera en el caso de los temporales) es ese pase a la inactividad y en 2025 superarán por primera vez las 20.000 al día. Pero si no se reincorporan, la empresa lo registra como dimisión, lo que podría explicar buena parte del repunte de las renuncias y por qué no afectan a los salarios. A fin de cuentas, los fijos discontinuos son los indefinidos con peor calidad de sus empleos, lo que hace que tengan muchos menos reparos en aceptar otros

.https://flo.uri.sh/visualisation/27108571/embed

Esta evolución, en un país con 2,5 millones de parados, hace que un repunte de las dimisiones no preocupe mucho al Gobierno, patronales y sindicatos, a pesar de que cada vez más empresas encuentran problemas para contratar. Según el Banco de España, lo afirman el 48% del tejido productivo, si bien en sectores que hacen un uso intensivo de la mano de obra, como agricultura, construcción y hostelería, el porcentaje llega al 60%.

En su caso, el envejecimiento demográfico provoca ya un ‘estrechamiento’ del volumen de trabajadores con los perfiles que requieren estas empresas que ni siquiera la inmigración logra compensar. Y aquí, las dimisiones sí agravan el problema: las renuncias de trabajadores someten a muchas pequeñas empresas a un nuevo tipo de volatilidad de la mano de obra, ahora por iniciativa de los propios trabajadores, que compromete la viabilidad de los negocios, que ya han asumido una importante subida de los salarios por el SMI y los acuerdos de negociación colectiva.

Los datos apuntan a que el desafío de la falta de mano de obra no se reducirá en 2026, igual que no se reducirán las dimisiones, lo que dibuja un escenario inédito para cada vez más empresas, pero también para el conjunto de la economía. Entender la situación de los trabajadores que dimiten es clave para comprender las fortalezas y debilidades del mercado laboral, que en los últimos años ha sufrido una transformación sin precedentes, pero que deja todavía muchos problemas por resolver.

Vía:https://www.eleconomista.es/