El organismo sube una décima, hasta el 2,2%, sus perspectivas de crecimiento para España este año, la única gran economía del euro que mejora

El mundo se enfrenta a una desaceleración del crecimiento que podría arrastrar a algunos países a la recesión “o cerca de ella”, según las previsiones publicadas este miércoles por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). El peor escenario contemplado por el organismo, con la guerra en Irán activa y el estrecho de Ormuz bloqueado hasta bien entrado 2027, calcula un avance del PIB global de solo el 2,1% en 2026, que empeoraría al 1,8% en 2027. La cifra puede parecer aceptable para muchas economías maduras que se mueven en números incluso peores, pero se trata de un ritmo claramente inferior al habitual: en el siglo XXI, la actividad a nivel mundial ha experimentado alzas superiores al 3% de forma recurrente, con los paréntesis negativos de la crisis financiera y la pandemia.
El escenario base de la OCDE es de momento algo más amable. Se daría si los precios de la energía reculan desde mediados de este año —es decir, de forma inminente, algo que solo se espera que suceda si se anuncia una paz sólida—. E implicaría un golpe mucho más suave, con una mejora del PIB del 2,8% en 2026 y del 3,1% en 2027. Eso quiere decir que un fracaso negociador devoraría dos puntos del PIB mundial en dos años, lo que equivale a algo más de dos billones de euros. O lo que es lo mismo, se evaporaría una cifra superior a todos los bienes y servicios que genera España en un año.
La imposibilidad de elaborar predicciones fiables ante lo cambiante del entorno geopolítico está empujando a instituciones y servicios de análisis a incluir en sus estudios diversos escenarios, para evitar así que las previsiones se conviertan en papel mojado de la noche a la mañana. Las palabras incierto o incertidumbre aparecen 140 veces en las 297 páginas del texto, prácticamente una vez cada dos páginas.
El impacto, en cualquier caso, será desigual. La entidad señala especialmente a dos grandes damnificados: Asia, por su dependencia de la energía producida en Oriente Próximo, y los propios países del golfo Pérsico, que están viendo cercenada su principal fuente de ingresos, el crudo, con el cierre del estrecho de Ormuz, y se enfrentan a la factura multimillonaria de reparar sus infraestructuras energéticas. Eso no significa que el resto vayan a ser inmunes al golpe. “La mayor inflación, la escasez, las condiciones financieras más restrictivas y la menor confianza también podrían debilitar significativamente el crecimiento en Europa y Norteamérica”, alerta la OCDE.
Entre las estadísticas más llamativas aparece la ralentización de la India y China, los dos gigantes demográficos. Esta última crecería un 4,5% este año y un 4,3% el siguiente, por debajo del ritmo del 5% anual al que mejoró el PIB los dos últimos años, y muy lejos del 6,8% de media del periodo 2013-2019.
Más en general, los efectos serán perniciosos para “las economías en desarrollo importadoras de materias primas, ya que son las que menos capacidad tienen para atraer suministros escasos o proteger a los hogares y las empresas de las crisis”. Es decir, aquellos países sin yacimientos de gas o petróleo que además carezcan de recursos para lanzar paquetes de rebajas de impuestos como el implantado por España —valorado en unos 5.000 millones—.
El informe describe un potencial círculo vicioso en el que la guerra alimentaría la inflación, esta propiciaría subidas de los tipos de interés por parte de los bancos centrales, y la economía real acabaría pagando los platos rotos. “La inversión empresarial se vería afectada por el mayor coste del capital y la débil demanda, disminuyendo cerca de un 5% en la segunda mitad de 2027 en comparación con el escenario de interrupción temporal”.
Tampoco se libraría del mazazo la inteligencia artificial, la gran esperanza para una mejora de la productividad. El encarecimiento de la energía aumentaría los costes de poner en marcha los centros de datos, y limitarían el suministro de hardware crítico utilizado en los sistemas de IA, advierte la OCDE. A ello se une la falta de materias primas como el helio, clave para la fabricación de los microchips más avanzados, necesarios para que esta industria continúe su despegue. “Estos efectos podrían reducir aún más la capacidad y el incentivo para la inversión en IA, lo que provocaría un crecimiento notablemente más débil en las economías que actualmente se ven impulsadas por la inversión y la producción relacionadas con la IA”, señala el documento.
Mejora las perspectivas de España
En cuanto a España, el organismo ha subido una décima su previsión de crecimiento para 2026 en su escenario base respecto al cálculo de marzo: ahora estima un avance del PIB del 2,2% este año, el mismo porcentaje que prevé el Gobierno y muy por encima de Alemania (0,7%), Francia (0,7%) e Italia (0,5%). Para 2027, deja sin cambios su predicción en el 1,7%. “España refuerza el liderazgo en crecimiento económico entre las grandes economías europeas”, ha celebrado el Ministerio de Economía al conocer los datos.
España está mostrando una mayor resistencia a las turbulencias geopolíticas: es la única gran economía del euro que mejora en las estimaciones, y sus guarismos están claramente por encima de la media de los países de la moneda única, del 0,8% este año y el 1,2% el siguiente. “El crecimiento seguirá impulsado por la demanda interna, con un consumo privado respaldado por un sólido aumento del empleo y una inversión que se beneficia de los proyectos financiados por la UE”, apunta la OCDE. Menos optimista se muestra sobre el sector exterior español: el tirón de la actividad hará crecer las importaciones, y la demanda foránea de productos españoles no lo compensará, por lo que la balanza comercial seguirá siendo deficitaria.
Sobre la inflación, augura un largo periodo de subidas de precios para España, con el IPC armonizado (el que usa los estándares europeos) en el 3,3% en 2026 y en el 2,9% en 2027, todavía muy por encima del objetivo del Banco Central Europeo (del 2%), aunque por debajo de la media del G-20, del 4% este año y del 3,1% el próximo. “En comparación con el 27 de febrero, el precio del crudo, los productos derivados del petróleo, el gas natural, el azufre y fertilizantes como la urea ha aumentado considerablemente”, resalta.
Las rebajas fiscales para mitigar la subida de los precios de la energía sobre los hogares reducirán el daño, pero la OCDE, como el FMI, no es partidaria de que los descuentos sean universales, porque benefician también a las rentas altas y suponen un gasto mayor para las arcas públicas en un contexto de deuda elevada. “Estas medidas deberían dirigirse mejor a los grupos sociales vulnerables y ser temporales para amortiguar el impacto social del aumento de los precios de la energía, limitando al mismo tiempo los costes fiscales”.
Pese a los gastos extra del paquete de ayuda, la deuda pública española seguirá su senda de descensos gracias a la fortaleza del crecimiento: en 2026 se situará en el 98,5% del PIB, y en 2027 en el 97,3%. Otra frontera positiva que se romperá afecta al desempleo, que bajará de la barrera del 10% el ejercicio próximo —cerró el primer trimestre en el 10,8%, según la Encuesta de Población Activa—.
Las perspectivas, positivas si se comparan con las de otras grandes economías, conviven con recomendaciones varias. La OCDE cree que España debería aprovechar el dinamismo actual de la economía para reconstruir el margen fiscal y estar así preparada tanto para futuras crisis como para el horizonte de envejecimiento de la población al que se enfrenta, que multiplica los gastos en sanidad o pensiones, así como sentar las bases para un mayor crecimiento de la productividad.