- Los menores costes de energía y mantenimiento son la clave para que las empresas mejoren su rentabilidad
- El ahorro por vehículo puede alcanzar los 4.000 euros anuales en furgonetas y 2.500 en turismos
- Con la electrificación de las flotas corporativa evitarían 13,5 millones de toneladas de CO2 al año

La movilidad atraviesa una transformación acelerada, impulsada por la descarbonización del conjunto de la industria. En este proceso, las flotas corporativas se consolidan como uno de los principales vectores para avanzar en la electrificación, con un potencial significativo de ahorro, especialmente en costes operativos. Solo en España, esta transición progresiva podría generar hasta 7.800 millones de euros anuales en 2030.
“La electrificación de flotas ha dejado de ser una promesa para convertirse en una decisión económicamente sólida”, señala Xavier Ferré, socio responsable del área de Automoción y Transporte en España de EY. “El peso estructural del parque corporativo y su elevada intensidad de uso hacen que el modelo eléctrico no solo sea viable, sino que permita mejorar de forma sostenida el coste total de la movilidad”, añade.
Según el informe Fleet Forward: Powering the Transition to Electric Mobility, elaborado por EY y Eurelectric y al que ha tenido acceso elEconomista.es, el grueso de estos ahorros proviene de la reducción de los costes energéticos y de mantenimiento, factores que ganan relevancia a medida que aumenta el kilometraje de los vehículos.
El debate cobra especial actualidad en Bruselas, donde se analiza la posible obligatoriedad de descarbonizar las flotas corporativas, una medida que afectaría a un amplio abanico de actividades, desde coches de empresa y alquiler hasta taxis, reparto de última milla, autobuses o transporte logístico de larga distancia, y al que algunas organizaciones se oponen.

Desde una perspectiva sistémica, los escenarios modelizados apuntan a la sustitución de cerca de 5.000 millones de litros de diésel al año, evitando alrededor de 13,5 millones de toneladas de CO? en emisiones directas del transporte por carretera.
Esta electrificación implicaría, a su vez, una demanda adicional de unos 15 TWh anuales en 2030, considerada gestionable y compatible con un sistema eléctrico cada vez más apoyado en energías renovables. “España tiene una posición especialmente favorable para liderar la electrificación de flotas en Europa: combina un peso muy relevante del parque corporativo con un sistema eléctrico cada vez más renovable. Esa combinación convierte la transición en una oportunidad económica, no solo ambiental”, comenta Ferré.
Turismos corporativos y vehículos comerciales
El análisis por segmentos del estudio revela que el mayor potencial económico para las empresas se concentra en los turismos corporativos y en los vehículos comerciales ligeros de alta utilización. En el caso de los primeros, los modelos eléctricos ofrecen una ventaja operativa cercana al 41% frente a los de combustión, lo que se traduce en ahorros medios de unos 2.500 euros por vehículo y año en usos habituales de empresa. En los vehículos comerciales ligeros, donde el kilometraje es más elevado, la reducción de costes alcanza el 37%, con ahorros próximos a los 4.000 euros anuales por unidad.
En el transporte pesado, el informe sitúa los costes operativos de los camiones eléctricos en niveles cercanos a la paridad con el diésel en escenarios base. No obstante, EY advierte de una elevada sensibilidad a factores clave de implantación, como la planificación de la recarga, la priorización de soluciones en depósito y la gestión eficiente de los costes de infraestructura, elementos que serán determinantes para consolidar la viabilidad económica en este segmento.
Un ahorro de 246.000 millones
En Europa, las flotas corporativas concentran en torno al 60% de las matriculaciones de turismos y prácticamente la totalidad de las ventas de vehículos comerciales, como furgonetas, autobuses y camiones. Este peso las convierte en un actor clave en la transición hacia la electrificación, no solo por volumen, sino también por su intensidad de uso: los turismos de empresa generan cerca del 45% de las emisiones directas de CO? del transporte por carretera.
Para los operadores, la electrificación ofrece un potencial económico significativo. El ahorro acumulado podría alcanzar los 246.000 millones de euros hasta 2030, impulsado por una reducción de entre el 50% y el 70% en los costes energéticos y de entre el 20% y el 40% en mantenimiento. Estas partidas son especialmente relevantes, ya que representan entre el 60% y el 75% del coste total de propiedad. Además, si se mitigan barreras como el elevado coste de adquisición o la incertidumbre sobre los valores residuales mediante ayudas específicas y mecanismos de cobertura de riesgo, el impacto económico podría ser aún mayor.
Pese a ello, el despliegue avanza por debajo de su potencial. El caso de Francia ilustra esta brecha: en 2025, solo una cuarta parte de las empresas obligadas cumplía con sus objetivos de electrificación, aunque la introducción de incentivos fiscales y penalizaciones aceleró la adopción, elevando la cuota de los vehículos eléctricos de batería (BEV) hasta el 27% de las matriculaciones de flota en diciembre y el 20% en el conjunto del año.
Entre los principales obstáculos figuran la fragmentación de políticas públicas, el mayor coste inicial de los vehículos, el precio de la recarga pública, la incertidumbre en el mercado de segunda mano y las limitaciones en infraestructuras y redes eléctricas en algunos países, además de los propios desafíos operativos de las compañías.
En este contexto, el estudio concluye que la competitividad europea dependerá de la capacidad para escalar las soluciones que ya han demostrado eficacia. Para ello, será necesario combinar incentivos fiscales y económicos bien diseñados con un marco regulatorio estable que aporte certidumbre a largo plazo, junto con instrumentos de financiación innovadores que faciliten la transición.