España lidera la rotación laboral en la UE: 2,4 millones de trabajadores empiezan o finiquitan un empleo cada trimestre

Foto: EP

España cerró 2025 liberada, por primera vez en cuatro años, del sambenito de tener la mayor tasa de paro de la Unión Europea. Un ‘honor’ que ahora ostenta Finlandia. Pero nuestro mercado de trabajo sigue siendo el más volátil: un 5,8% de los ocupados se ha incorporado a su puesto de trabajo en los últimos 3 meses mientras otro 4,8% acaba de abandonarlo. Suman un total de 2,4 millones de personas, un 10,6% de los ocupados, atrapados en el bucle de la rotación laboral.

La Encuesta de Fuerza Laboral que elabora Eurostat ofrece una estimación de lo que denomina entradas y salidas recientes de la ocupación, ambas expresadas tanto en términos absolutos como en porcentaje del total de empleo. La cifra de afectados supera levemente a la registrada a cierre de 2019 (aunque el mínimo es 2020, cuando el mercado laboral se congeló por la pandemia); si bien en términos de tasa es la menor de la serie que se remonta a 2009 (descontando, de nuevo, el impacto excepcional de la crisis sanitaria y los confinamientos).

Aunque lo más relevante es su composición. Como decíamos, hay más nuevos ocupados (un 5,8%, 1,3 millones) que desempleados (4,8%, 1,1 millones). Pero esta es la tónica en casi todos los países europeos salvo tres: Suecia (que ocupa el segundo puesto en el ranking), Luxemburgo y Eslovenia.

El 45,3% de las rotaciones en España son de salida de la ocupación, un porcentaje que supera la media europea del 37%, el 25% de Alemania y el 8% de Países Bajos, aunque empata con el 45,6% de Francia y queda por detrás de Suecia, Luxemburgo y Eslovenia, pero también de Grecia (donde se sitúa en el 50%).

España es el líder de la Unión Europea en rotación laboral

Tasa de trabajadores que se han incorporado su puesto en los últimos tres meses

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¿Dimisiones o despidos?

¿Cómo interpretar estos datos? La estadística de Eurostat no especifica las causas y condiciones de entrada y salida del empleo. Es decir, si los nuevos ocupados estaban antes sin trabajo o los nuevos desempleados abandonaron su puesto voluntariamente, fueron despedidos o vieron caducar un empleo eventual. Pero que haya muchos más ocupados recientes que salientes apunta a que la rotación deriva de cambios entre empleos, sobre todo en mercados de trabajo con una tasa de paro relativamente baja (como el alemán o el neerlandés). Sin embargo, que las salidas ocupen un peso más alto, sobre todo en países con una mayor tasa de paro (como España, Suecia o Grecia), apunta a que la volatilidad de los empleos es en muchos casos involuntaria.

Esta es una interpretación que otras estadísticas orientadas a medir las transiciones laborales (como la de flujos de la población activa) no permiten. Aunque los datos de entradas y salidas recientes siguen teniendo una debilidad.

Las cifras de volatilidad son trimestrales y no reflejan los cambios semanales o diarios de empleo que sí recogen, por ejemplo, los datos de afiliación de la Seguridad Social española. Esto implica que no recogen la foto real de la volatilidad de los empleos, lo que explica una paradoja: su aparente desconexión con los de paro.

La tasa de paro española ha crecido con mucha más intensidad que la rotación, que se mantuvo prácticamente estática entre 2009 y 2021 en el nivel del 12% (descontando la pandemia, que distorsionó las estadísticas de incorporaciones y salidas de los empleos), para retroceder ‘apenas’ punto y medio tras la reforma laboral. Pero hay que tener en cuenta que este modesto retroceso en la rotación se ha logrado gracias a una intensa caída del paro y a un cambio de paradigma histórico en la contratación, con un peso de la indefinida que se ha multiplicado, pasando del 10% al 40% del total

Una rotación estancada en comparación con el desempleo

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Además, la volatilidad de los empleos sigue afectando a un elevado volumen de ocupados. Si en lugar de expresarlos como tasa sobre el total del empleo, nos fijamos en términos absolutos, la cifra sigue siendo elevada: 2,4 millones (prácticamente la misma que había antes de la pandemia). Eso sí, ahora hay más personas trabajando que antes, lo que explica el estancamiento en cifras absolutas y el descenso en porcentaje de ocupados.

Vulnerabilidad a las crisis

Pero que la evolución de la volatilidad no está tan desconectad del desepleo como sugiere una comparación de la tasas de paro y de volatilidad agregada. Entre 2009, cuando arranca la serie, y 2014 el volumen de salidas superaba al de entradas. A partir de 2015, momento en el que se da por finalizada la Gran Recesión que había arrancado en 2018, la tendencia se invierte: hay más entradas que salidas. Y el desempleo empieza a caer con fuerza.

Esta correlación se ha mantenido así hasta hoy, descontando únicamente los meses de la pandemia, pese a que el paro se reduce con menos fuerza en los últimos trimestres. Esto apunta a que la incorporaciones ya no se deben a las personas que salen del desempleo, sino a un mayor peso de los cambios de empleo entre los mismos ocupados.

Aunque la volatilidad se ha reducido (al haber más contratos indefinidos se producen menos entradas, pero también salidas), la brecha entre ambos tipos de rotaciones se mantiene, lo cual es un claro síntoma de dinamismo positivo del mercado laboral. La buena noticia es que la diferencia no se acorta, lo cual despeja los temores de enfriamiento (si bien estos datos solo llegan a cierre de 2025, con lo cual no reflejan las numerosas derivadas del conflicto en Irán que estalló a finales de febrero).

Las rotaciones de entrada al empleo superan a las de salida

Número de trabajadores afectados

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Sin embargo, en esta evolución hay un matiz revelador: que haya más incorporaciones que salidas no garantiza que un shock económico hunda el empleo: es exactamente lo que ocurrió entre 2019 y 2020. Un recordatorio de la volatilidad del mercado es su mayor vulnerabilidad.

Vía: https://www.eleconomista.es/economia/