- El modelo híbrido se impone: un 39% de las empresas lo ofrece frente al 11% que permite el remoto total
- La decisión no es del empleado: un 36% de los ocupados no puede elegir su modelo de trabajo
- Newsletter ‘El empleo en la diana’: Humo y espejos

Ni ‘favor’ a los empleados que se llevan el portátil a su lugar de vacaciones ni ‘salario emocional’. El teletrabajo se ha convertido en una realidad estructural para el 50% de las empresas españolas y el 25% de los ocupados. Pero estos datos esconden una fuente de tensiones latentes que seis años después de la pandemia y cinco de la Ley de Trabajo a Distancia sigue lejos de apagarse, mientras el crecimiento de la modalidad se mantiene prácticamente estático.
De hecho, según la VI Radiografía del Teletrabajo a los que ha tenido acceso elEconomista.es, el 35% de los asalariados en esta modalidad buscarían otro trabajo si se exige más presencialidad, porcentaje que se eleva al 39% si el retorno a la oficina es total. Algo que solo un 1% de las empresas ha decidido hacer en el próximo año.
El rechazo a la modalidad 100% presencial parece haber suavizado. Los porcentajes que indican una reacción han registrado un cierto retroceso desde los niveles de 2025: del 43% al 39% en las renuncias y del 27% al 25% en los que exigirían más salarios. La tasa de los que aceptarían los cambios escala del 13 al 17%, desde los datos de 2025, lo que apunta a que la presión de la coyuntura económica y las incertidumbres sectoriales pueden estar haciendo mella en las reivindicaciones de los teletrabajadores, sobre todo en aquellas ramas de actividad en la que tienen una mayor presencia.
El ejemplo más claro estaría en el sector tecnológico, donde el remoto llega al 60% de los ocupados. También es en el que las empresas están dando un giro más visible hacia el ‘retorno a la ofician’, como muestra el comportamiento de las grandes tecnológicas estadounidenses y, en España ejemplos recientes como el de Ubisoft.
¿Que haría un teletrabajador si le obligan a ir todos los días a la oficina?
Porcentaje de asalariados que trabajan en remoto
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Esta tendencia tiene una réplica en forma de riesgo de conflictividad laboral. Y es que el 20,5% de los convenios firmados en 2025 incluían cláusulas específicas sobre el teletrabajo, 3 puntos más que en 2024, lo que implica que las compañías tienen cada vez menos margen para descolgarse del teletrabajo. ¿Pero quieren hacerlo realmente?
Los datos de InfoJobs muestran que solo un 1% de las empresas españolas se plantea eliminar el teletrabajo y un 3% reducirlo, pese a que el 15% de sus empleados percibe que esos recortes son tangibles. Un 75% de los empleadores mantendrán las condiciones actuales, cuando hace un año eran el 79%, y un 8% ampliarán las posibilidades de teletrabajar (6% en 2026). Eso sí, dentro de un límite.
El 50% de las empresas ofrece teletrabajar (hace un año solo llegaban al 46%, aunque sigue por debajo de los niveles de 2023). Sin embargo, solo un 11% lo ofrece de manera total, y el 39% se engloba en la modalidad ‘parcial’ o ‘híbrida’. Las ofertas de empleo que incluyen esta posibilidad solo llegan al 11%, un porcentaje que se mantiene sin variación en los últimos tres años.
¿Qué prevén hacer las empresas con el teletrabajo?
Cambios previstos para el próximo año
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La sartén por el mango
Tampoco es que la demanda haya aumentado. Los datos obtenidos por InfoJobs a partir de una encuesta a más de 4.000 trabajadores en activo ponen de manifiesto que, en 2026, uno de cada cuatro teletrabaja, ya sea total o parcialmente. Esos resultados son superiores a los de la EPA, que llevan la tasa de teletrabajo al 15,6% en 2025, si bien hay que tener en cuenta las diferencias metodológicas y la composición de la muestra.
Lo que es más relevante es que el porcentaje calculado por la plataforma de búsqueda de empleo es el mismo que en 2025 y muy similar al de 2024 (24%). De ese porcentaje, 19 puntos porcentuales corresponden a los que lo hacen de manera parcial y otros 6 a los que desempeñan su trabajo totalmente en remoto.
A juicio de Mónica Pérez, responsable de su servicio de estudios, esta evolución refleja una “estabilización”. Es decir, el teletrabajo no es una práctica en retroceso, sino que se ha integrado en las prácticas de las empresas, en un país en el que el margen para teletrabajar es menor que en otros.
Eso sí, la elección sobre si teletrabajar está en las manos de las empresas, no de los asalariados. Según los datos de Infojobs, el 42% de los ocupados no teletrabaja porque su trabajo no lo permite. Otro 36% dicen que no pueden elegir su modelo laboral frente al 22% que sí tienen capacidad de decisión.
Esto sugiere que si el alcance del teletrabajo dependiera de qué ocupaciones lo permiten, no solo sería mayor, sino que habría fluctuado más con la digitalización de cada sector. En cambio, lleva tres años de estabilidad, lo que refuerza que el factor determinante es una decisión de política de empresa relativamente rígida. Es decir, decisiones basadas en impresiones sobre el teletrabajo más que en datos de desempeño.
La encuesta de InfoJobs no pregunta a las empresas sobre sus percepciones sobre la productividad, pero sí a los los trabajadores. Y sus conclusión es que “cada tarea requiere una atmósfera específica que propicie e impulse la productividad”
El hogar se percibe como el entorno más productivo únicamente para la concentración profunda (44% frente a 26% que prefiere la oficina). En el resto de categorías con carga de coordinación, la oficina domina con claridad: tareas colaborativas con el equipo (59%), reuniones y coordinación (51%), resolución de imprevistos (47%) y toma de decisiones importantes (39%). Formación y tareas creativas quedan repartidas de forma prácticamente equivalente entre ambos entornos (29-31%).
El patrón que se desprende es una especialización funcional por tipo de tarea, no una preferencia agregada por un entorno u otro: el hogar rinde mejor para el trabajo individual que exige atención sostenida; la oficina, para todo lo que depende de sincronización con terceros.