La nueva ola de asistentes de IA llega al móvil con más acceso que nunca a los datos en pleno pánico tecnológico

Instinct y Muse revolucionan a la comunidad tecnológica con su capacidad de hacer tareas de forma autónoma y disparan su uso pese a la oleada de temor colectivo al descontrol de la IA

El CEO de Meta, Mark ZuckerbergMUNDO

Está en su WhattsApp, pero puede tener acceso a todo su teléfono. Su cuenta de Amazon, su aplicación sanitaria o su tarjeta bancaria. Todo para servirle o al menos por el momento. Mientras el pánico sobre la IA llevando a la humanidad a su fin se extiende, los primeros asistentes de IA para todos los públicos aparecen en los bolsillos de los ciudadanos a pie y nadie parece tener mucho miedo de abrirle las puertas.

El pistoletazo de salida lo ha dado Instinct. Una empresa misteriosa con una web con fondo blanco y un escueto mensaje que ha basado su innovadora propuesta en la estrategia de marketing más antigua: el boca a boca.

Aún en beta, se ha convertido en la aplicación de moda de Silicon Valley y ya ha comenzado a cruzar el charco. La premisa es simple, pero su fuerza radica en cumplir con una de las grandes promesas de la IA: tener nuestro propio mayordomo digital sin necesidad de saber código o tener un background técnico. Tan fácil como saber lo que quieres y estar dispuesto a dar acceso para que este asistente te lo consiga.

Instinct aparece como un chat más en WhatsApp o iMessage y su utilidad parece ilimitada y excede a la de muchos chatbots. Hace funciones ya muy exploradas como revisar tu email, poner avisos y gestionar tu agenda, pero luego va mucho más allá.

Puede buscar y reservar una mesa de un restaurante sin ninguna interacción por su parte, comprar en Amazon o incluso regatear por Wallapop. Una mano derecha en toda regla a la que delegar tareas con dos contrapartes importantes: la seguridad y la privacidad.

Aunque Instinct asegura que almacena de forma segura la información y la borra cuando se le pide, así como no lee las contraseñas, algunos expertos independientes han detectado fallos de seguridad en los que la aplicación accede al email incluso cuando se le ha retirado el acceso o conserva datos borrados.

En pleno éxito de Instinct, Meta también ha dado un paso adelante con el lanzamiento de Muse, una propuesta muy similar. Consciente de su imagen en cuanto al tratamiento de datos, la compañía ha centrado casi en exclusiva su campaña de lanzamiento en mostrar las garantistas medidas con las que cuenta el nuevo producto y el amplio abanico de socios externos que las garantizan.

“Tú tienes el control. Tú eliges a qué aplicaciones y servicios tiene acceso Muse y puedes desconectarlos en cualquier momento. Para acciones sensibles como compras o envío de correos electrónicos, Muse te consulta primero”, señalaba Mark Zuckerberg en su perfil de X.

«Las contraseñas se almacenan en el Almacenamiento Seguro de Credenciales, por lo que Muse no puede leer esta información», asegura el creador de Meta, que busca subirse al carro de la IA y cuenta con la ventaja de tener a 4.000 millones de personas usando sus redes sociales como aval ante los mercados para justificar su elevada inversión.

Ventajas frente a privacidad

Las ventajas de este tipo de asistente son obvias y allanan la barrera de entrada técnica que podían tener propuestas como OpenClaw.

Sus capacidades son incluso sorprendentes, ya que Instinct es un asistente proactivo. Puede abrir conversación para avisarte de que se te ha olvidado contestar un correo o de un plazo que se termina.

Al mismo tiempo, supone una transferencia de datos y delegación en las tecnológicas sin precedentes y lo hace en un momento de agitada polémica sobre el impacto que esta tecnología puede tener en nuestras vidas.

El investigador de Anthropic Jacob Coxon dimitió la pasada semana y alertó de un peligro “potencialmente mortal” para la humanidad por la falta de seguridad con la que se estaba desarrollando la IA.

Su jefe confirmó la existencia de este peligro y aseguró, no sin cierta sorna, que las probabilidades de cumplir la profecía superaban el 10% si se conseguía alcanzar la superinteligencia que ansían todos los grandes laboratorios de IA.

PAUSA A LA IA

El principal foco de problemas actualmente es lo que se denomina la automejora recursiva. Es un proceso en que la IA automejora su propio diseño o capacidades y después utiliza esa versión mejorada para volver a mejorarse, generando un ciclo cuyo final no está claro y el horizonte al que se quieren acercar estos laboratios.

En este proceso, tanto OpenAI como Anthropic han reconocido que sus agentes se han escapado de su control para acceder a Internet sin permiso e incluso hackeado a otras empresas.

Esta situación está generando un clima hostil en ciertas capas de la opinión pública y en ambos lados del espectro político.

Vía: https://www.elmundo.es/