La comunidad se sitúa muy por encima de la media estatal, con especial protagonismo del mar y las zonas rurales

El empleo autónomo sigue consolidándose como una pieza clave del mercado laboral gallego, con un peso muy superior al del conjunto de España y una fuerte implantación en el territorio. Lejos de ser un fenómeno puntual, el autoempleo en Galicia refleja una estructura económica propia, vinculada a sectores tradicionales y al equilibrio territorial.
Según los últimos datos del Instituto Galego de Estatística (IGE), el 18,8% de las afiliaciones a la Seguridad Social en Galicia correspondían en diciembre de 2025 a trabajadores por cuenta propia, frente al 15,8% del conjunto estatal. En total, había 211.680 autónomos en alta laboral, de los cuales 204.064 pertenecían al régimen especial de autónomos y 7.616 al régimen especial del mar.
Este último vuelve a evidenciar el peso diferencial de Galicia. Aunque supone solo el 0,7% de las afiliaciones en la comunidad, concentra el 64% del total estatal en este régimen. Es decir, seis de cada diez autónomos del mar en España trabajan en Galicia, un dato que refuerza el papel estratégico del sector marítimo en la economía gallega.
Por actividades, el comercio minorista lidera el empleo autónomo con un 12,5%, seguido de la agricultura y ganadería (9,8%), la hostelería (8,9%) y la construcción especializada (8,8%). Se trata de sectores muy ligados a la economía local y al tejido productivo tradicional.
El componente territorial es clave. El empleo autónomo tiene mayor presencia en zonas rurales y áreas con menor densidad de población, como Xallas, Terra de Soneira, Muxía o Fisterra, además del interior de Lugo y Ourense. En estos territorios, el autoempleo actúa como motor económico y herramienta de fijación de población.
En términos de estabilidad, el 66,8% de los autónomos llevan más de cinco años en activo, lo que refleja una elevada consolidación del tejido emprendedor. Aun así, predomina el modelo individual: el 59% no tiene vínculos con otras entidades, frente a un menor peso de quienes participan en sociedades mercantiles o estructuras empresariales.
La evolución reciente muestra una caída de las altas entre 2013 y 2020, con un mínimo durante la pandemia, seguida de una recuperación progresiva. En paralelo, mejora la tasa de supervivencia, que alcanza el 53,5% al año, lo que indica una mayor resistencia de los nuevos proyectos de emprendimiento.
En el plano económico, la base media de cotización se sitúa en 1.263 euros mensuales, con diferencias entre hombres y mujeres y una clara tendencia al alza con la edad. Los mayores de 60 años presentan bases un 35,2% superiores a las de los menores de 30, reflejo de trayectorias más largas en el trabajo por cuenta propia.